Las bases teóricas y prácticas de la química moderna se deben a María la Judía, que firmó sus obras como Miriam La Profetisa, hermana de Moisés, lo cual llevó a los historiadores a asegurar que la Miriam bíblica era alquimista. Sin embargo ésta María vivió en Alejandría entre los siglos I y II de la era cristiana y fue la inventora de complicados aparatos de laboratorio para la destilación y sublimación de materias químicas.
Ya entrando en el siglo XXI su célebre «Balneum Mariae», que sigue siendo una pieza esencial de laboratorio... y ¡en la cocina! El «baño María» se usaba entonces como se usa hoy, para calentar. También fue la creadora del alambique y el Xerotakis que, según los especialistas, es su mayor aporte a la alquimia occidental y lo que permite que ésta se transforme en la química moderna.
Existen apenas unos fragmentos de su obra más conocida: el «María práctica». El resto ha desaparecido.
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