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Reseña del debate: “Las dificultades y congojas que atraviesan las mujeres en la creación artística”

Viernes 6 de septiembre de 2019, por María José Chaves Brito


El pasado miércoles 21 de agosto, tuvo lugar la mesa: “Las dificultades y congojas que atraviesan las mujeres en la creación artística”, desde el proyecto Debates sobre feminismos, del Centro de Investigación en
Estudios de la Mujer (CIEM), bajo la coordinación de la Dra. Isabel Gamboa Barboza y la Dra. María Flórez-Estrada Pimentel. Dicho evento fue llevado a cabo en la Sala 1 de Audiovisuales de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, Sede Rodrigo Facio, de la Universidad de Costa Rica. En el mismo, las artistas Laura Astorga, Catalina Murillo y Natalia Astuácas brindaron sus aportes, a partir de la moderación de Laura Sánchez.

Como un primer momento, la cineasta Laura Astorga habla del “Sexismógrafo”, que es una herramienta comunicacional que busca medir el grado de sexismo en las narrativas digitales. En el mismo destaca el “Male Gaze”, que analiza la mirada de los hombres hacia las mujeres. En este punto comenta ejemplos, que en su opinión contienen la mayoría de películas: las mujeres son colocadas como posesión o trofeo, donde la cámara se demora más en el cuerpo que en la cara; las mujeres son personajes pasivos y sin fortalezas o personajes sexualmente activos; las mujeres de la película están para complacer a los personajes masculinos; las mujeres se miran a un espejo y se desaprueban; o bien, las mujeres ven a otras mujeres y las desaprueban.

Laura aporta datos tales como que en la industria del entretenimiento, solo un 23% de las películas tienen a la mujer como protagonista; y en lo que corresponde a la prensa, solo un 9% de historias reflejan la desigualdad de género, mientras que solo un 4% de historias cuestionan los estereotipos de género. Las mujeres ocupan solo un 27% de los puestos de alta dirección en organizaciones de medios de comunicación y solo el 31% de personajes hablantes son femeninos.

La conferencista coloca en el escenario una publicación del periódico La Nación, donde se aborda a 7 cineastas mujeres en solo 2 páginas, en tanto se utilizan 7 páginas para un solo cineasta varón. Lleva a la reflexión, cómo el énfasis radica en que son mujeres y no en que son cineastas: “su principal atributo es ser mujeres”. Además, critica que el autor del artículo hace alusión a que hay más mujeres directoras que hombres, pero que ignora el componente de exclusión tras ese hecho. El público reacciona cuando ella aborda el tema de la publicidad, en donde ejemplifica que hay una mujer centroamericana que es contratada de manera constante, pero solo para comerciales de pañales, desinfectantes, y en el punto más revolucionario, de una cerveza “light”.

Seguidamente, Catalina Murillo, escritora y guionista, comenta que ella no se había dado cuenta de que era mujer y feminista. Trae a colación una novela suya llamada Marzo Todopoderoso, en donde la personaje principal es una mujer que cataloga de antiheroica, y que es hasta años después que ella descubre que su personaje posee una rabia que podría ser ante el machismo. Entre risas del público menciona que en el año de su publicación, a pesar de ser la única novela que se publicó, declararon desierto, el premio a la novela del año.

Menciona siempre haber escrito con mucha libertad, porque no consideraba que escribir era algo de hombres. Recalca que ella redescubre el potencial de lo que escribió, hasta mucho tiempo después. Con su obra Tiembla Memoria, se da cuenta de que sí hay parámetros de lo que una mujer debe escribir. Comenta que la misma tuvo una buena acogida entre las mujeres, pero reconoce que si hubiese sido escrita por un hombre, quizás otros hubieran sido los atributos que se le daban al escritor, en comparación con los que se le otorgan a ella.

La misma conferencista lleva a la reflexión, que hay muchos escritores varones que escriben sobre su paternidad, y que la acogida que reciben no sería la misma si fuese ella quien lo hace. Además, recalca que un tema que puede haber incidido en su posibilidad y libertad para escribir, puede haber sido el no optar por la maternidad.

Por su parte, la artista plástica Natalia Astuácas parte de un encuadre, en el que menciona que para hablar de la historia del arte, debemos asumir que la historia humana es una historia construida por hombres, por lo tanto, la presencia de la mujer en la historia del arte es mínima, nula o inexistente.

Destaca en este punto características históricas tales como las siguientes: las mujeres hemos sido relegadas a un rol de cuidadoras, lo que nos lleva a no tener tiempo para la creación artística; hay prohibición al acceso de formación en las artes; también prohibición para estar en presencia de desnudos; las creaciones de las mujeres han sido consideradas “menores”; anteriormente sus creaciones eran firmadas por sus hermanos, padres o esposos; las mujeres han sido consideradas musas, pero no creadoras; las mujeres que no se ajustaban a lo establecido, sufrían discriminación, violencia y abandono; así como si realizaban obras, se asumió que tenían un gran maestro, entre otras.

Lleva al público la cuestionante de si en la historia del arte ha habido alguna artista equivalente a Miguel Ángel o Da Vinci. Responde que probablemente no la haya, y citando a Linda Nochlin menciona que esto no se debe a nuestras hermanas, ciclos menstruales o diversos espacios vacíos, sino a las instituciones y a la educación.

Natalia parte de un “Top 10” de dificultades, limitaciones y congojas que le han pasado en su experiencia personal, en su trayectoria y en el ejercicio de su profesión, esto con el fin de visibilizar esas limitaciones que aún hoy poseen las creadoras y que no necesariamente son del pasado. En primer lugar expone la violencia simbólica, y la ejemplifica a partir de unos afiches que fueron colocados en la vía pública, que al pasar los meses, fueron modificados con letreros tales como “la calle es de todos”.

También destaca en esta lista, las preguntas de siempre; con base en una pintura suya de unos senos, entre risas del público menciona que siempre debe darse a la tarea de responder que no son sus senos. Asimismo, coloca en discusión el que se desacredite su trabajo, así como que la gente intente explicarle su propio trabajo; demuestra esto, con unos pantallazos de Facebook, donde un hombre ofende una de sus obras y tras la defensa de la artista, este le menciona incluso cómo debió de haber sido realizada la pintura. El público reacciona entre risas al revisarse la irónica discusión del hombre en mención.

Agrega a su listado el que otros se acrediten como propio su trabajo, así como la discriminación y expresiones de odio. También lleva a la reflexión el acceso a becas o fondos, así como el acceso a los espacios artísticos o culturales. Finaliza su lista comentando la dificultad de no ser artista de “Academia”, sino empírica y que por ello debe enfrentarse siempre al “¿dónde estudió?”.

Como parte de las intervenciones del público, una participante comenta que de manera similar a la conferencista Natalia, en una exposición de sus obras, le dejaron un comentario que decía: “estaba muy caro, no era para tanto”. En otra intervención, se les pregunta a las artistas si tienen alguna instancia organizativa en donde inviertan recursos y multipliquen la creación que hacen. Las conferencistas mencionan que es algo utópico y que si es complicado y difícil unir a un solo gremio, lo es aún más, unir la diversidad de los mismos.

La actividad finaliza, cuando una de las participantes del público, replica que meses atrás estuvo como ponente en una actividad similar, y que en esta se llegó a la conclusión de que a pesar de que es difícil hacer una asociación y estarse viendo todo el tiempo, a las mujeres de Costa Rica les hace falta crear su propia historia. Es así, que al compartir las dificultades y congojas con las otras, esto no se asume como un asunto individual, y se aúna a la posibilidad de aprender de otras. Ante la pregunta que surgió de dicha actividad, de cómo se hace para resistir, la joven responde que hay que juntarse: escucharse, visitar las obras de las otras.

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2019: Año de las universidades públicas por la igualdad de género, la no violencia y una sociedad más justa